¿En qué momento nos rigidizamos?

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May 21, 2022
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Las ideas, como raíces sólidas e inamovibles se encastran en nuestro cerebro y en nuestra forma de ver la vida, definiendo nuestro pensamiento, la cara del prisma por la que …
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Tengo una hija. En el momento de escribir estas líneas apenas tiene dos meses (aunque lo esté publicando más tarde). La observo a todas horas. Cómo se mueve, cómo empieza a reírse, cómo llora, cómo duerme…
Estoy descubriendo que ver a una hija dormir, es un momento de reflexión vital. De preguntarte cosas de su vida y de la tuya. De cómo será esto o aquello. De lo que será mejor o peor. De analizar cómo se nota el paso de los días. De caer en la cuenta de todo lo que aprende a cada instante. De lo maravillosa que es la vida y la naturaleza. De ser consciente de que se nace en la bondad más absoluta y con una plasticidad casi infinita. Y así podría seguir con un eterno listado.
El asunto es que el viernes, me hice la pregunta que le da nombre al escrito.
Ese día, mientras ella dormía plácidamente hecha casi un ovillo, pensé en lo difícil que me resultaría a mí, no sólo dormir así, simplemente adoptar esa postura. ¡Qué capacidad de flexión! Las piernas como un “budita” que, estando boca arriba, deja sus talones sobre su ombligo… Imposible vamos.
El caso es que en algún momento de mi vida, en esa etapa en la que ahora está mi hija, yo dormía en esas posturas, según asegura mi madre. Así que yo era tan flexible como ella. Y ahora no lo soy.
En qué momento dejé, no sólo de hacerlo, sino de poder hacerlo. ¿En qué momento me rigidicé?

¿En qué momento me rigidicé?

Sinceramente, no es algo que ahora me haga la vida más complicada, ni más sencilla. No he sido contorsionista, pero más allá de eso no parece que influya demasiado en mi día a día.
Sin embargo, algo que me preocupa y que es en gran medida el detonante de estas líneas, es el paralelismo que puede establecerse con la rigidez mental. Me preocupa el momento a partir del cual las ideas, como raíces sólidas e inamovibles se encastran en nuestro cerebro y en nuestra forma de ver la vida, definiendo nuestro pensamiento, la cara del prisma por la que mirar la vida y que además, en muchas ocasiones, no nos permiten ver otras opciones. Me preocupa que, durante la infancia de mi hija, esa rigidez mía, merme su elasticidad y se transfiera como una herencia irrechazable.
Permaneceré atento. Y no sólo cuando ella esté delante. En cada situación en la que detecte mi rigidez o mi falta de elasticidad, trataré de hacer todos los estiramientos mentales necesarios para ampliar el espectro de enfoques. Creo que será bueno para ella y con total seguridad también lo será para mi.
 
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