Siete reglas para no perder el norte_
Llevo desde 2013 construyendo y creando cosas, muchas digitales. Autodidacta. He montado empresas, lanzado productos, explorado el low-code, el BIM, la IA aplicada a producto. Me he equivocado muchas veces, y las lecciones más útiles salieron de ahí.
Estas son las reglas que intento seguir cuando construyo, cuando decido y cuando dudo. No son mandamientos. Son recordatorios para mí mismo que quizá te sirvan a ti también.
Si no le sirve a nadie, cállate.
Antes de publicar, antes de construir, antes de recomendar, me hago las mismas preguntas: ¿esto le va a ahorrar a alguien tiempo, dinero o frustración? y, como no creo en el funcionalismo puro y duro, sino que también en la estética, la otra pregunta es: ¿esto le va a agradar a alguien estéticamente?
Si la respuesta es no, no lo hago. Mejor un silencio que un post de relleno. Mejor no construir que construir algo que nadie necesita o que nadie valora. No sólo de
Di lo que piensas. Y, sobre todo, reconoce lo que no sabes.
Si algo no me convence, lo digo. Si un tema se me escapa, lo admito. Si una herramienta que todo el mundo recomienda a mí no me funciona, lo cuento.
La gente (o al menos yo) confía mucho más en quien dice "no lo sé" que en quien improvisa una respuesta. Y decir "no lo sé" es la única forma de seguir aprendiendo.
Cero humo. Siempre.
No exagero resultados. Si recomiendo algo, es porque lo uso. Si alguien no necesita lo que le estoy ofreciendo, se lo digo. Prefiero perder una oportunidad por ser honesto que ganarla vendiendo humo.
La credibilidad tarda años en construirse y se destruye en un instante. Es el activo más valioso y el más frágil.
La solución más simple que funcione.
No construyas una nave espacial si lo que necesitas es una bicicleta.
Simple no significa básico. Significa proporcional al problema. A veces la solución proporcional es sofisticada. A veces es un formulario y una hoja de cálculo. Pero entiende la distancia antes de elegir el vehículo.
Esto aplica a la tecnología, a la comunicación y a la vida en general. La complejidad innecesaria es el enemigo de casi todo lo que funciona.
Lanza, mide, ajusta.
He lanzado cosas que me daban vergüenza. Algunas de esas cosas vergonzosas acabaron funcionando mejor que las que planifiqué durante meses. Esperar a que esté perfecto es esperar para siempre.
Un prototipo feo que alguien usa vale más que un plan de negocio que no sale del cajón.
Construir es adictivo. Validar, no. Pero me obligo a validar primero porque es lo que separa los proyectos que sobreviven de los que se quedan en buena idea.
Enseña las costuras.
Muestro cómo llego a las conclusiones, no solo las conclusiones. Las decisiones, las dudas, los callejones sin salida. Creo que las personas no conectamos con resultados perfectos, conectamos con procesos reales.
Y enseñar las costuras tiene otra ventaja. Te obliga a pensar mejor. Cuando sabes que vas a tener que explicar por qué tomaste una decisión, la tomas con más cuidado.
Conecta los puntos que otros no ven.
Soy incapaz de quedarme en un solo mundo. Me da por meterme en sitios que, a priori, no son el mío, y eso tiene una ventaja: empiezas a ver patrones que se repiten entre sectores que no se hablan.
Tecnología y negocio. BIM e IA. Ideas y ejecución. El ángulo casi siempre está en la intersección, y la intersección solo la ves si te da por asomarte a los dos lados.
Estas reglas no son perfectas. Seguramente las incumpla alguna vez. Pero tenerlas escritas me ayuda a volver al sitio correcto cuando me desvío.